miércoles, 13 de octubre de 2010

Noviembre: Sylvia Plath

Una de mis amigas y compañera de lecturas dice que existe una especie de coincidencia poética que hace que todos los años, en torno al mes de noviembre, Sylvia Plath juegue a pasearse descalza a nuestro alrededor. Porque Sylvia Plath siempre se pasea descalza.

Pensé que era una exageración y, por mi propio bien, decidí que no podía ser así.

Hace unas semanas leí La campana de cristal y me afectó profundamente. La locura siempre me afecta profundamente, especialmente si cronológicamente coincide con esa gran idea que debió de ser la terapia de electroshock. No puedo evitarlo. Plath verbaliza muy bien algunos temores, sospecho, no tan superados como usualmente tendemos a pensar. Durante unos cuantos días se me quitaron las ganas de ver Mad Men y cualquier otra referencia a místicas femeninas.

Ahora creo que ya se me ha pasado. En parte, gracias a la revisión de cuentos que tuve que llevar a cabo la semana pasada (leeremos Pippi Calzaslargas para la próxima sesión del grupo de lectura). En parte, espero, por mí misma. Menos mal. Casi he podido terminar de ver la cuarta temporada de Mad Men (habría sido una pena tener que dejarlo cuando me he vuelto ya devota seguidora de Don Draper y compañía), incluso.

No creo en las maldiciones. Pero el caso es que en los últimos días ha habido un par de detalles que me han dado qué pensar. Primero: hace un par de días, cuando hojeaba el periódico, encontré casualmente un artículo sobre Sylvia Plath y Ted Hughes (la casualidad parece un poco más siniestra si pienso que hace semanas que no leo, realmente, el periódico, que sólo quería consultar la cartelera, y también si recuerdo que el artículo no contenía, verdaderamente, demasiada información ni interés, sino que más bien parecía un mero pretexto para publicar algo relacionado con Plath y que yo tuviera que leerlo). Segundo: ayer pillé casualmente en la tele un capítulo de Las chicas Gilmore (¿cuánto hace que no veía esta serie? ¿dos, tres años?) en el que Rory aparecía leyendo una obra de Plath.

Sólo estamos en octubre. Sigo sin creer en las maldiciones, aunque tengo que reconocer que todo es un poco raro. Sobre todo si tengo en cuenta que hace un año toda una serie de señales superpuestas comenzaron a dibujarme sendas y caminos nuevos, y que mañana tengo mi primera clase de Dramaturgia en la RESAD...

¿Qué pasará en noviembre? Prometo seguir informando.

3 comentarios:

ac dijo...

bella!jejeje.
dale a las señales, déjalas superponerse, anunciar y caerse por sí solas... no se trata de maldiciones si no de alegrías... puede ser doloroso, pero desde luego, en el caso Plath en concreto apelan a la consciencia, a la lucidez de reconocerse... por muy dura que fuera su vida su mensaje (y que cada una lea lo q quiera...) ahí está. Abierto como una ventana. de par en par... let u in...! muaaaaaaaaaaaaaaa

PD: veees???
muaaaaaaaaaaaaa
pd2: mad men pinta difícil, espero que no mucho y apetecible. a ver si me pongo. muaaaaa

Lola Fernández de Sevilla Gómez dijo...

las señales me parecen como las olas, hay que dejarse mecer, ¿verdad?
Mad Men: pasa al capítulo 2, pasa al capítulo 2, jajaja!
bicossssss!!!!!

ac dijo...

voooy!

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