lunes, 18 de junio de 2018

De repente, un poema



Quería casarme con ellos. Tener hijos con ellos. Llevar todos sus apellidos de casada. Cocinar para ellos. Cortarles las uñas de los pies después de la ducha. Prepararles las camisas. Regalarles los cuadernos. Apretarles los granitos de la espalda. Hacerles el amor en el escritorio. Soportar que se marcharan con otras. Soportarles borrachos. Soportar sus manos sudorosas después de la pelea. Quería ser Luna Caulfield. Luna Chinaski. Luna García Madero. Luna Berg. Luna Incandenza. Luna Bandini. Mis pequeños maridos adolescentes. Les lavaría la boca con jabón –en tantas ocasiones–. Les prohibiría beber Cocacola más tarde de las diez. Les diría Eso no se hace. Dame la mano. No seas malo. Quería casarme con todos ellos. Quería ser poeta, como todos ellos. Quería pene y pecas. Pelo sucio y moratones. Tirantes. Uñas negras. Los quería tanto. Apenas los añoro.




Luna Miguel, Poliandria (Poetry is not dead, La Bella Varsovia, 2013)

sábado, 16 de junio de 2018

viernes, 15 de junio de 2018

Miss Daisy



Elimina a tu madre, después a tus dos abuelas, después a tus cuatro bisabuelas. Retrocede más generaciones y cientos, después miles, desaparecen. Las madres desaparecen, y los padres y las madres de estas madres. Incluso más vidas desaparecen como si nunca hubiesen sido vividas hasta que reduces un bosque a un solo árbol, una red hasta una línea. Esto es lo que se necesita para construir una línea narrativa de sangre o de influencia o de sentido. Yo solía verlo todo el rato en la historia del arte, cuando nos contaban que Picasso procreó a Pollock y Pollock procreó a Warhol, y así todo el tiempo, como si los artistas solo fuesen influidos por otros artistas. Hace décadas, el artista de Los Ángeles Robert Irwin, como bien es sabido, dejó tirado en una autopista a un crítico de arte de Nueva York después de que este último se negase a reconocer la destreza de un joven tuneador de coches clásicos. El mismo Irwin había trabajado tuneando coches y la cultura de los coches clásicos le había influido profundamente. Recuerdo a una artista contemporánea que fue más educada, aunque estaba tan enfadada como Irwin, cuando en la presentación de un catálogo se afirmó que nacía directamente de Kurt Swchitters y John Heartfield, endosándole así un pedigrí paternalista. Ella sabía que venía del haberse ensuciado las manos, del tejer y de todos los actos prácticos de la producción, de gestos acumulados que la habían fascinado desde que los albañiles fueron a su casa cuando era una niña. Todo el mundo está influido por aquellas cosas que preceden a la educación formal, que aparecen de la nada y de la vida cotidiana. A estas influencias excluidas las llamo LAS ABUELAS.


Rebecca Solnit, Abuela Araña (en Los hombres me explican cosas, 2015). 
Las mayúsculas son mías.


jueves, 14 de junio de 2018

Lecturas

Flannery O'Connor – Bridget Christie – Jesús Carrasco – Jenn Díaz – Gabriela Wiener – James Rhodes – Natalia Ginzburg – Gemma Lienas – Max Porter – Katherine Mansfield – Karl Ove Knausgård – Sylvia Plath – Gioconda Belli – Elena Medel – Eva Vaz – Luna Miguel – Josefina R. Aldecoa – ...

El hilo que teje los textos del grupo de lectura de los jueves;
después del verano más:) 

miércoles, 13 de junio de 2018

Otros miércoles son posibles



Cada día cuando iba a bucear, una medusa fluorescente me seguía. Siempre era la misma, una pequeña de color azul claro con tentáculos oleosos. Era muy hermosa, con sus filamentos flotando como un velo de novia de encaje desgarrado...


(Bénédicte Martin, La medusa, en Warm up, 2003)


Sonando: esto.

martes, 12 de junio de 2018

lunes, 11 de junio de 2018

Preadolescencia



(...) Piensa en Ezequiel y en lo que puede sucederle allí arriba, me dije. Mientras tanto yo sentía que todo estaba sucediendo lejos y fuera de mí. Lo inevitable había llegado. Me di cuenta de hasta qué punto estaba preparada para afrontar ese momento.
–Ya lo sabíamos –musité.
Marcelina me miraba y no encontró palabras para el consuelo o la esperanza.
–Voy a hacer café –dijo, echando mano de los gestos sencillos, único refugio para paliar la gravedad de los hechos extraordinarios.


(Josefina R. Aldecoa, Historia de una maestra)

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