martes, 1 de julio de 2008

Seis meses y contando


Debo decir que este blog cumple en estos días seis meses de vida. Y que estoy más que contenta. Me costó mucho decidirme a crearlo, porque no estaba segura de tener la constancia suficiente como para mantenerlo; este es el post 27, así que me doy por satisfecha en cuanto a lo de la constancia (no es fácil encontrar momentos para sentarse a escribir; no es fácil, en realidad, encontrar momentos para sentarse a hacer nada). Por otro lado, no estaba segura de que nada de lo que escribiera fuera a tener interés suficiente para ser publicado en ningún sitio (por modesto que sea, un blog es un espacio que permite, mal que bien, ese envilecimiento de la vanidad que provoca la edición de la palabra escrita... incluso respondiendo a la filosofía del DIY -do it yourself-). Para ser sincera, no creo que haya mucha gente que me lea asiduamente; pero sigue mereciendo la pena, sean dos o cinco personas quienes lo hagan -una vez o más-. Seguiría mereciendo la pena incluso si nadie lo hiciera; quien encuentre gusto en esto de escribir sabrá que ese placer no se reduce -aunque encuentra un importante sustento en ello, para qué vamos a negarlo...- a ser leída/o, sino que nace de algún lugar más profundo, y que tiene que ver con necesidades anteriores al acto de publ¡car o mostrar con orgullo lo que se ha hecho.


En fin. Que no sé si nada de lo que hago aquí merece la pena o no para el resto. Para mí desde luego sí. Me da igual caer en la egolatría. Me gusta escribir, y me alegra poder contar con este espacio autogestionado para hacerlo.


También me encanta comunicar con los y las demás. En general, y en concreto con los blogeros y las blogeras del mundo. Entre las novedades de la última semana, he creado un archivo de algunos blogs que me gusta leer. La mayoría son de amigos y amigas, y en cualquier caso se trata de otros espacios autogestionados de escritura que creo que merecen la pena. Es alucinante la forma en que esto de los blogs puede llegar a tejer una red gigantesca; una red comunicativa gigantesca cuyas consecuencias -como siempre- son imprevisibles. Como en el inmenso Chart de "The L Word", sólo que en un sentido no sexual -bueno, no necesariamente sexual...-. La verdad es que sería una buena idea que alguien se propusiera dibujar algún día el mapa gráfico de estos blogs interconectados del mundo... si es que tal cosa es posible. A saber con quién, indirectamente, me conecta el chart. Emoción pura.


Así que felicidades, pequeño blog. Naciste en medio de incertidumbres y te fuiste empoderando y fortaleciendo a base de entradas y comentarios; de palabras, en realidad. Ahora ya no eres esa cosa insegura y dudosa que comenzaste siendo. Puedes agradecérmelo a mí. Pero también a todas aquellas y todos aquellos que se han asomado alguna vez a este rincón a leerte. Muchas gracias. Seguimos haciendo camino...

miércoles, 25 de junio de 2008

Bellas Durmientes

Bella Durmiente
nº 187
muere apuñalada por
su príncipe azul el
28.04.04
en Málaga

Creo que en las fotografías que he colocado al margen izquierdo del blog no se aprecia muy bien el mensaje escrito. Era difícil captarlo.

Estoy participando en una campaña de homenaje a las 433 mujeres que han sido asesinadas por la llamada violencia de género, entre 2000 y 2007 -parece un eufemismo; en realidad, no han sido asesinadas por la violencia de género (como si esta fuera una persona), sino por sus parejas o ex parejas-. Se han impreso 433 adhesivos, uno correspondiente a cada mujer, y la idea es que aquellas y aquellos que participemos en la campaña decidamos qué acción, homenaje o ceremonia le hacemos al nuestro; después debemos enviar las fotografías de ello a la organización de la campaña, que organizará una exhibición en forma de Centro de Arte Contemporáneo Portátil (CACP), en el contexto del Congreso Mundos de Mujeres 2008 -del que he colgado el cartel, también en el margen derecho-.

Es emocionante. Sé que sólo se trata de un trozo de papel, pero estos días he sentido una gran responsabilidad al tener que decidir qué hacer con él. No soy de las que piensa que deba hacerse de las víctimas mártires, ídolos o trofeos de guerra, desde luego. Pero sí debemos contribuir a que sus nombres, o por lo menos su existencia, no sea olvidada. Porque su muerte no ha sido accidental ni fortuita, sino uno de los actos más crueles y salvajes que en nuestro mundo se cometen contra la humanidad. Así que me siento muy afortunada -en la medida en que puede ser así- de formar parte de este proyecto. Aunque sólo sea colocando el adhesivo en la ventanilla de mi coche durante unos días y sacándole unas cuantas fotos.

De paso aprovecho para animar a todo el mundo a que se pase y participe, de algún modo, en Mundos de Mujeres 2008, en la Universidad Complutense, entre el 3 y el 9 de julio. Es pronto para decirlo, porque faltan exactamente ocho días para que comience, pero promete ser un evento inolvidable, aunque sólo sea por la cantidad de gente, de dentro y de fuera de España, que va a venir a Madrid. Hay previsto programa académico, social y cultural, en distintos sitios de la ciudad. Y me consta, y esto sí lo digo ya, que las organizadoras del mismo han hecho una labor increíble de convocatoria y organización. Creo que merecerá la pena.

No sólo tratará de violencia, claro. Hay previstas más de 2.500 ponencias, sobre muchísimos temas distintos, todos con las mujeres como eje central de reflexión y actuación. El de la violencia, sin embargo, y aunque tristemente, no puede faltar, y por ello celebro la existencia de campañas como la de Bellas Durmientes.

"¡Culpad a las criadas!
¡Esas pícaras mujerzuelas!
¡No preguntéis por qué, y colgadlas!
¡Culpad a las criadas!

¡Culpad a las esclavas!
¡Esos juguetes de truhanes y granujas!
¡Colgadlas! ¡Ahorcadlas!
¡Culpad a las esclavas!

¡Culpad a las fulanas!
¡Esas indecentes zorras,
obscenas y desvergonzadas!
¡Culpad a las fulanas!

(Atwood, M., "Penélope y las doce criadas", Barcelona, Salamandra, 2005, p. 143)

Me he enterado hace unas horas de que le han concedido el Príncipe de Asturias a Margaret Atwood. ¿No es increíble ser visionaria? Juro que ayer no había oído nada de esto cuando escribí mi entrada sobre ella; sólo lo hice porque acababa de terminarme "Penélope y las doce criadas" y estaba maravillada. Pero estoy pensando seriamente en retirarme a una isla y vivir de mis predicciones como oráculo, a partir de ahora.

Me alegro muchísimo de lo del premio; enhorabuena.

martes, 24 de junio de 2008

Sí, lo sé, dos entradas en un mismo día: o me paso o no llego. Así es la vida. No quería dejar pasar la oportunidad de comentar que acabo de terminar de leer "Penélope y las doce criadas", de Margaret Atwood, y de repetir lo mucho que esta autora siempre me impresiona.

En realidad, ya hablé de ella anteriormente; más o menos, al principio de la vida de este blog (por enero, o así, tuvo que ser). Lo hice, sin embargo, de pasada, y sin detenerme demasiado. Entonces estaba leyendo "La maldición de Eva", que eran un conjunto de ensayos sobre teoría de la literatura, básicamente, y claro, sobre todos los inmensos temas a los que la reflexión sobre la literatura siempre abre. No estoy segura de cómo llegó aquel libro a mí, me imagino que por la Librería de Mujeres, pero no recuerdo si lo compré, me lo regalaron o qué. Me encantó. Por eso este año, en la Feria del Libro, decidí comprarme "Penélope y las doce criadas" en cuanto lo vi. Aprovecho para recomendar una visita a la Librería de Mujeres de Madrid, donde es fácil perderse entre la gran cantidad de libros que tienen; sus dueñas y empleadas son encantadoras y te aconsejan -y muy bien, por lo general- sobre todo aquello que quieras comprar -por cierto, yo también estoy de acuerdo en que a Margaret Atwood deberían darle el Novel-.

En "Penélope y las doce criadas" Atwood reconstruye el mito de Penélope, la esposa abnegada de Odiseo, que se dedicó a tejer un sudario mientras su marido estaba en la Guerra de Troya, y a destejerlo por la noche para retrasar el momento de tener que tomar la decisión de casarse con cualquiera de los muchos pretendientes que aspiraban a ello.

Fue una suerte, dicho sea de paso, que el otro libro de Atwood me gustara tanto como para comprarme este a ciegas. Porque si me hubiera leído el resumen del libro, quizás no lo habría hecho. La verdad es que la mitología nunca me ha interesado demasiado; me maravilla la gente que es capaz de recordar los nombres y las historias de los dioses, diosas y héroes griegos/as y romanas/os, pero yo siempre he sido incapaz. Ni siquiera me divierte.

Pues bien, me habría perdido una gran historia. Lo que hace Atwood es eso que la Postmodernidad ha puesto tan de moda, y que es revisar los grandes textos canónicos de nuestra literatura, dotándolos de un nuevo enfoque y por lo tanto de verdades históricamente imprevistas. Lo que hace, en concreto, es darle voz a Penélope.

Así de simple. Es sorprendente lo que, sólo con darle voz a Penélope, se consigue. En realidad, no sólo lo hace con ella, sino con muchos otros personajes: las doce criadas, Helena de Troya... A través de esas voces, aparecen muchísimos discursos más o menos desdibujados. Relatos que mezclan Antigüedad y contemporaneidad, que muestran sus críticas hacia la violencia contra las mujeres, y que, en líneas generales, demuestran cómo la realidad se compone siempre de múltiples voces y puntos de vista, dejándonos en última instancia con la agridulce sensación de una verdad que se nos escurre entre los dedos -porque no es una, ni idéntica a sí misma ni a nada de lo que siempre nos han contado, claro-.

Mientras tanto, se ríe. Atwood se ríe; se ríe Penélope. Ironiza, sin perder la calma. Nos cuestiona a nosotras y a nosotros como lectoras y lectores pasivas/os y acríticas/os. Hace que la novela, o mejor dicho la tragedia -porque en realidad se trata de una tragedia- dialogue consigo misma y se plantee sus mismas condiciones de posibilidad.

Y sale victoriosa de todo ello, en menos de doscientas páginas. "Penélope y las doce criadas" es la representación práctica de las teorías literarias de "La maldición de Eva", y me alegro de haberlo comprobado porque, claro, hablar siempre es muy fácil, pero actuar lo es menos. Y aquí Atwood ha lanzado al mundo personajes como los que pocas veces tenemos -o por lo menos, a mí me cuesta mucho dar con ellos- ocasión de encontrar. Personajes de carne y hueso, que sin embargo están constituidos a base de historias y de mitos, y que por lo tanto son tejido puramente narrativo. Y que encima lo saben. ¿Cómo consigue Penélope mostrarnos su verdad de la historia, sin parecer una víctima sin redención? ¿O las criadas, de igual modo, y además, arrojando sus dudas sobre el personaje de Penélope? ¿Cómo dar con tu propia voz crítica, en medio de todo ello, sin perder la realidad del multiperspectivismo y la multiplicidad en las narraciones de cada personaje?

Para mí es todavía un misterio. Pero cuando leo novelas como esta de Atwood me doy cuenta de que el secreto son los personajes. Saber qué darles, y qué no darles. Dónde ceder, dónde plantarse. En qué momento, posiblemente, debe el personaje separarse del autor o la autora, y adquirir vida propia. Saber dónde se está, quién eres tú y quienes son ellos y ellas.

Le agradezco a Margaret Atwood, como siempre, la claridad al mostrar que es posible.

Me hago guerrillera

Estoy superándome a mí misma: una entrada cada tres semanas. En fin. Estoy demasiado ocupada. Y demasiado cansada. Necesito vacaciones urgentes. Y probablemente me quede sin ellas. En fin. Brindo por los pequeños instantes de descanso, en cualquier caso.

En todo este tiempo, claro, han pasado muchas cosas. Por ejemplo, la semana pasada realicé mi-primera-pequeña-revolución-en-solitario. Hubo Junta de Vecinos/as de mi Comunidad. Yo nunca voy, claro, porque no soy propietaria; pero por lo que me cuentan siempre la cosa no tiene desperdicio. Esta vez se les ocurrió que, como el próximo año tendremos que enfrentarnos a todo tipo de obras y derramas, se saltaban limpiamente el turno de Presidencia, que le correspondía a la vecina del 1º, y hacían ocupar su lugar a un hombre (que no recuerdo exactamente en qué piso vive). No sé si este tipo de golpes de Estado son normales en todas las Comunidades vecinales, pero la verdad es que me fastidió. Y no por la vecina del 1º, en cuestión, que ni siquiera me cae bien -es increíblemente cotilla, y siempre que me la encuentro en el portal me llama "niña"-. Pero hubo quien planteó objeciones, y la posición oficial, explícitamente expresada, fue que, efectivamente, los hombres están capacitados para hacer cosas para las que las mujeres somos inválidas.

Me habría encantado estar presente, aunque quizás, finalmente, mi presión arterial lo habría lamentado. Lo cierto es que al día siguiente escribí una carta en la que manifestaba mi malestar -el malestar, la incomprensión y la repulsa de "una vecina indignada" (como he dicho, no soy propietaria, así que no tengo voto)- por la misoginia de la que la Junta de Vecinas/os hacía gala, y por lo tanto por la falta de democracia en la que nos encontrábamos. Incluso acabé citando a Clara Campoamor (algo directamente revolucionario y temerario en mi barrio), con aquello de que "la libertad se aprende ejerciéndola". Si algo me duele especialmente es ver cómo las propias mujeres internalizamos el discurso de nuestra falta de capacidad y naturalizamos y justificamos, de ese modo, nuestra ausencia de poder.

Uf, incluso tuve que robar un rollo de cinta celo del trabajo (bueno, sólo la tomé prestada), para poder pegar la carta en el portal de casa. Fue muy emocionante, casi como si hubiera llevado un pasamontañas negro en la cabeza (parece propio de otras épocas; lo más alucinante es pensar lo poco que han cambiado las causas).

Resultado: la carta duró veinticuatro horas en el portal. Pero me doy por satisfecha. Para empezar, y contra todo pronóstico, el portero, que hace cosas tan maravillosas como escuchar el "Cara al sol" con la radio del coche a todo volumen, se puso de mi lado (!!). Después, la vecina del 1º también me dio las gracias. Y por último, me regocija pensar en las caras de todos esos/as pequeños/as dictadores y dictadoras cuando leyeran la carta; y fijo que alguna/o tuvo que hacerlo, porque si no no habría acabado en la basura. Sólo ese instante merece la pena.

Así que tengo una propuesta política. En mi barrio necesitamos introducir la perspectiva de género y feminista al precio que sea. Y me consta que no sólo en el mío. Necesitamos un PLAN DE CHOQUE FEMINISTA (Y DEMOCRÁTICO) para los distritos de Moncloa y Chamberí (y para todos los demás también, pero empiezo proponiendo de abajo a arriba). De momento, por lo que me toca, propongo formar una GUERRILLA URBANA FEMINISTA (ya tenemos siglas, y todo: la GUF), que vele por el cumplimiento de las ideas democráticas de justicia, igualdad, etc... (¿obviedades? No lo creo...), y por la concienciación feminista de los vecinos y vecinas que pueblan mis calles; se me ocurren montones de cosas para hacer, como esta de la carta e incluso mejores y más divertidas (besadas, pintadas... estoy pensando en los domingos por la mañana, en esa aparente laxitud de la salida de misa... uf, mentes creativas del mundo, uníos). ¿Alguien se apunta?

martes, 3 de junio de 2008

Deseo

Probablemente ver una película americana (exceptuando alguna pequeña perla) sea el peor motivo entre los posibles para escribir nada que quiera tener un poco de profundidad. Probablemente "Asesinato en 8 mm.", protagonizada por Nicholas Cage, y que pusieron el último domingo en la tele (motivo por el cual me acosté bastante más tarde de lo que habría querido), no lo merezca.

No sé. Puede que mi cabeza sólo necesitara una excusa para dentrarse en los oscuros razonamientos en los que me sumí mientras veía la película, y durante algún tiempo después (también es por eso que dormí muy poco).

Para quien no lo sepa, "Asesinato en 8 mm.", que ni siquiera recuerdo quién dirige, trata sobre un detective privado (Nicholas Cage) que investiga sobre una perturbadora cinta de vídeo que aparece entre las pertenencias de un multimillonario, cuando este muere, y en la que aparece una chica que llevaba años desaparecida. En realidad, el tema es el de las grabaciones de snuff movie, que estuvo bastante de moda hace unos años, cuando Alejandro Amenábar estrenó "Tesis" en nuestro país; sobre todo, porque para mucha gente fue la primera noticia de algo que seguramente parecía inimaginable (yo tenía doce años entonces, y ni siquiera me dejaron ir a ver la película al cine).

No sé si "Asesinato en 8 mm." merece la pena o no. Probablemente sea una película americana más. Pero llevo dos días dándole vueltas al tema de la pornografía, al de los roles femeninos en ella (y no sólo en ella), y a las implicaciones de todo esto. Seguramente esta entrada va a resultar muy confusa; es lo que sucede cuando me pongo a escribir sin tener muy claras las cosas. Pero hoy necesito escribir.

¿Existen formas de deseo no patriarcal? Esa es la pregunta que comenzó a rondarme en torno a la media noche del domingo, y que me planteaba aún ayer por la mañana. Sé que no es muy optimista. Entre las imágenes violentas y muy violentas a las que el cine y la tele nos tiene acostumbradas y acostumbrados, violentas hacia las mujeres, quiero decir, las que tienen que ver con el snuff -digo, tienen que ver, porque sólo se trata de señuelos cinematográficos, nunca he visto (y espero no hacerlo) cintas originales- se llevan la palma. Nos espanta, nos horroriza, nos hace abominar... ¿y nos fascina? Amenábar lo planteaba en su película: ¿hay que darle al público lo que el público quiere? Y, sobre todo, ¿por qué quiere eso el público? ¿Por qué no podemos dejar de mirar la pantalla?

Lo cierto es que el movimiento feminista asistió, en torno a los años 70-80, a un debate en torno a la pornografía que resulta de aplicación en este caso. Sé que no se trata de lo mismo, y que las snuff, afortunadamente, son ilegales, pero de todas formas encuentro parelelismos por el tema del deseo. ¿Qué posición ocupan las mujeres en la pornografía? ¿Somos sujetos, somos objetos? Y, si usualmente nos limitamos a ser objetos, ¿forma ello parte de un juego, es todo un simulacro? ¿Cuál es el precio del simulacro?

Puede que lo que planteo parezca monstruoso, pero sólo trato de asomarme a algunos misterios que no dejan de asaltarme. El papel de la mujer-objeto, del que tanto se ha hablado, tiene resonancias que van más allá del rol de la mujer-florero. Y que tienen que ver con el sexo, y por tanto, con el deseo.

Para quien haya seguido este blog, no será ningún descubrimiento mi más profunda condena hacia cualquier forma de violencia contra la mujer. Quizás por eso me revolvían especialmente las imágenes de la película; me planteo hasta qué punto pueda yo, o podamos todos y todas, en general, ser responsables de tener una concepción del deseo que genera tantos monstruos.

¿Qué hacemos con las prácticas de sadomasoquismo, por ejemplo? Probablemente yo sea ignorante de muchas cosas. Me gustaría que alguien que supiera sobre el tema me hiciera algún comentario. ¿Cómo compatibilizamos la visión de aquello que deseamos -de aquellos y aquellas que deseamos, mejor dicho-, y de la forma en que lo deseamos, con el rechazo de lo que nos repugna?

¿Hasta dónde llegan las redes del patriarcado? Todavía estoy buceando, en busca de formas de relación y de intimidad en las que esas redes puedan ser desafiadas y aniquiladas. No quiero, me niego a renegar del deseo, y al mismo tiempo me inquieta la conciencia de los monstruos que ese deseo pueda generar. Me gustaría ser más optimista, pero la verdad es que hoy me siento exactamente tal y como estas palabras muestran: ahogada e impotente.

jueves, 29 de mayo de 2008

Filósofas feministas

Ayer escuché una conferencia de Amelia Valcárcel en el Instituto Francés. Sus palabras, cargadas de inteligencia, ironía y sentido crítico, siempre me dejan igual de maravillada. Clausuraba unas Jornadas en homenaje a Simone de Beauvoir, probablemente la feminista más importante del siglo XX, de cuyo nacimiento se cumplen en 2008 cien años. Feminista y filósofa, aunque la propia Beauvoir, curiosamente, rechazara lo segundo -que sí le atribuía a Sartre-. Valcárcel reivindicó ayer la consideración de Beauvoir como filósofa, como una de las más grandes filósofas de este último siglo, y que siempre debería figurar entre los principales nombres del mismo. Rara vez nos la encontramos entre ellos.

Simone de Bauvoir, en efecto, fue una filósofa existencialista, que supo aplicar esta filosofía al análisis de la situación de la mujer, en un estudio impresionante y completísimo como fue El segundo sexo. Lo demás ya es historia; son muchas las deudas que tenemos hacia Beauvoir y hacia su análisis feminista. Está bien que se recuerde en voz alta.

Por ejemplo, Beauvoir nos dotó de herramientas semánticas y conceptuales para comprender problemas. Nos dotó de un lenguaje, de una metodología que hasta ese momento no existía. Poder nombrar es algo inmensamente importante, porque gracias a ello las cosas adquieren un nuevo estatus de existencia.

Junto a Valcárcel, contamos con la presencia de Anne Zelensky, la presidenta de la Ligue des Droits des Femmes, que fundó junto a Beauvoir, y que habló de la relación de Beuavoir, en los años 70, con el feminismo radical. Gracias a ello, se habló también de Mayo del 68, y de uno de sus principales legados, el feminista, que alcanzó una impresionante fuerza crítica en aquellos momentos.

La gente sigue resultando sorprendente. Me refiero a algunas de las preguntas que después se hicieron en el debate. Por ejemplo, una participante habló del aborto como opresión de la mujer, y como algo contra-natura -la expresión me hace sonreír; ya va siendo hora de dejar de hablar compulsivamente de naturaleza, ¿no les parece?-; me temo que mi respuesta no habría sido tan comedida como la de Amelia Valcárcel. También, un asistente se manifestó partidario del movimiento feminista, y a continuación interrogó a las ponentes sobre los posicionamientos agresivos del movimiento, y de rechazo de las justificaciones masculinas -no me quedó muy claro a qué justificaciones se refería. Esta última es el tipo de pregunta que sigue acosando al feminismo, y ante la que muchas veces encontramos pocas armas dialécticas y bastante desesperación. Como dijo Valcárcel, pedirle a alguien que lleva siglos machacada que no esté resentida es, desde luego, demasiado pedir.

A propósito de ello, Valcárcel habló de cómo el movimiento del 68, que, en términos de teoría feminista, debemos hacer coincidir con el feminismo radical, inaugura el derecho a la cólera dentro del movimiento. Lo que entonces no se imaginaban es que cuarenta años después tendríamos que seguir justificando esa cólera -la cólera, entre otras miles de cosas-. En fin. La pregunta era habitual; presiento que hasta ahora no hemos tenido mucho éxito a la hora de explicar nuestro enfado, y me pregunto si llegaremos a lograrlo algún día. Me pregunto también si, una vez conseguido eso, el mundo será capaz de ver el resto del bosque con sus propios ojos.

Disfruté con las dos conferencias. Pero siento una afinidad especial hacia los análisis de Amelia Valcárcel. Ella también es filósofa -como Beauvoir (y como yo)-, y alguien que contribuye igualmente a iluminarnos el camino a base de palabras y razonamientos. Debemos sentirnos afortunadas de contar con personas que consigan esto; yo le doy las gracias por todo ello.

lunes, 19 de mayo de 2008

Lenguaje, mundo y feminismo (Una nueva vuelta de tuerca a la polémica sobre Marías y la RAE)

Dada la cadena de acusaciones y explicaciones que un artículo publicado por mí el 28/04/2008 en este blog ha suscitado (http://www.fotolog.com/bacigalupe/34199631), me veo justificada (y casi en la obligación) de volver sobre el tema y aclarar algunos puntos. Y también de responder directamente a otros.

El artículo se titulaba "Primavera ambivalente: Rosa Caramelo y la RAE", y en él, entre otras cosas, yo criticaba abiertamente el nombramiento de Javier Marías como académico de la lengua. Aducía una serie de razones, y asumía ya que mis palabras serían tachadas de políticamente incorrectas. Sin motivo, desde mi punto de vista. Argumentaré por qué.

Creo que toda esta polémica en torno a Marías se compone de dos partes. En primer lugar, la que inició Arturo Pérez Reverte con su artículo "Mujeres como las de antes" (http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_firma=4370&id_edicion=2247), al que ya aludí, y cuyas afirmaciones salvajemente machistas y violentas, Marías trató de suavizar en otro artículo titulado "Mozas no muy gallardas" (http://www.elpais.com/articulo/paginas/Mozas/gallardas/elpepusoceps/20070930elpepspag).

La verdad es que no esperaba tener que referirme al tema, y mucho menos escribir el link en mi blog. Desde mi punto de vista las afirmaciones de Pérez Reverte constituyen auténticas declaraciones de principios realizadas por alguien misógino y tristemente incapaz de superar los mitos femeninos que debió mamar en su infancia; lo peor es que esa tristeza encuentre sitio en un periódico. Aparte de resultar increíblemente violento hacia todas aquellas mujeres que no encajan en su definición de "señora" (esto es, precisamente, lo que todas las sociedades patriarcales hacen, así que no es que sea muy original, la verdad), hay una actitud dogmática en sus palabras que afecta a hombres y a mujeres por igual: como cuando habla de las reacciones de "cualquier varón normalmente constituido" o de las actitudes "propias de nuestro sexo". Creo que hablar de "normalidad" en materia de identidades de género es algo que a estas alturas está de todo punto fuera de lugar, y que, como tal, debe ser frontalmente rechazado.

Así que creo que se comprenderá perfectamente mi reacción cuando rechazo que en primer lugar se me trate como a una "hembra", que se me critique por no llevar medias con costura o falda de tubo, por no tener cintura de avispa o por sentarme "despatarrada" (me gustaría saber cuál es la razón, anatómica o ideológica, que legitimaría sólo a los hombres a hacerlo). No me erijo, como se me ha acusado, en portavoz de todas las mujeres, pero sí me lo tomo como algo personal, como mujer que soy. Aunque no encaje, obviamente, en el arquetipo de Pérez Reverte. Y, por cierto, no es ningún consuelo oír hablar de "libertad de expresión", como hace Marías, mientras se compara a las mujeres con edificios, aceras u obras públicas (como también hace Marías), o con animales (como hace Pérez Reverte). Las mujeres no somos obras, porque no nos hace nadie; ni tampoco somos públicas, al menos no en el sentido en el que estos artículos parecen atribuirnos.

La segunda parte de la polémica, afortunadamente, no tiene que ver con el artículo de Pérez Reverte, y se refiere en exlusiva a las repetidas afirmaciones de Marías sobre la necesidad del lenguaje no sexista. Bueno, más bien al contrario, en su caso. Desde luego, la opinión de Marías no es única; lo que llama la atención, en primer lugar, es la absoluta falta de respeto y la arrogancia de sus palabras, cuando se refiere a expertas (sin sarcasmos, que es tal y como él emplea el término) como son Rosa Mª Peris y Mercedes Bengoechea. También, la banalización que lleva a cabo de un problema muy serio como es el del machismo presente en el lenguaje, una herramienta de poder absolutamente eficaz, como todos los grandes retóricos y retóricas han sabido. Lenguaje y mundo se codeterminan, y por eso la eliminación del sexismo debe darse en ambos. Naturalmente, eso no significa que yo esté en posesión de la solución definitiva, ni que se trate de una tarea sencilla. Pero eso no quiere decir que no sea necesaria, y desde luego, en absoluto trivial.

La Academia, efectivamente, debe hacerse eco de los usos cotidianos del lenguaje. Pero no es menos cierto que también tiene una función normativa, que debe ser capaz de corregir usos incorrectos. En relación con esto, además, me gustaría hacer notar que las mujeres no somos un colectivo excluido de la Academia; porque no somos un colectivo, sino la mitad de la población española (algo que se nos olvida demasiado a menudo).

Por otro lado, y dado que, al parecer, como feminista una debe justificar continuamente sus objetivos e intenciones, procedo a explicar algunos puntos de mi posicionamiento, sobre todo en relación a la polémica que han suscitado.

Creo que no soy una "feminista exaltada", o que por lo menos consigo ser una "feminista serena" la mayor parte del tiempo (incluso cuando a veces me lo ponen tan difícil). Creo que el feminismo es un movimiento radical, no porque pretenda quemar a los hombres, o aniquilarlos ni nada parecido, sino porque busca un cambio completo de las sociedades en las que vivimos, y para ello se dirige a las raíces culturales y políticas de las mismas. Ni más ni menos.

Como ya he dicho alguna vez, persiste un exasperante desconocimiento acerca de la teoría y la práctica feministas, ante el que vamos a tener que armarnos de paciencia. Debería quedar claro, de una vez por todas, que el feminismo no es una forma de integrismo sexista, equiparable al machismo, tal y como he leído. Es precisamente lo contrario; un movimiento que busca la igualdad entre los géneros. Y que existen muchos feminismos, y no uno sólo, lo que prueba la alta relevancia de la crítica interna al mismo.

Se ha tachado a mi texto de pobreza conceptual, y a mí de "pobre chavala, que bastante tiene con lo suyo". En fin. No me parece que el problema de la desigualdad entre los sexos, presente en nuestra realidad cotidiana, y que refleja y también reproduce, legitima y mantiene el lenguaje, sea un problema inexistente (similar a los molinos de viento de Don Quijote). Nuestra cultura está llena de ejemplos de la presencia de esos estereotipos y creencias que no vamos a dejar de denunciar y combatir; por ejemplo, en las canciones (citarlas, por cierto, no es argumentar en contra de mis textos; en todo caso, sería darles la razón).

Resulta fascinante cómo saltan las alarmas en cuanto tratan de abordarse algunos de los dogmas sexistas de nuestra cultura. Puede que no parezca políticamente correcto, pero no estoy de acuerdo con las opiniones de Javier Marías, y por tanto tampoco con su nombramiento como académico de la RAE. Mis motivos, como he explicado, son políticos, democráticos y feministas. Algo que todavía parece hacer mucho daño...

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