martes, 20 de enero de 2015

Blue Days



Olmo de Siberia 
(en el Parque del Canal)

lunes, 5 de enero de 2015

Visto en 2014


Intáctil

Nuestra ciudad

ElMuro

Señor Badanas

La boba para otros y discreta para sí

Nidos

Otro mundo es posible

Malas palabras

El cielo de Jojó

Una niña

Aparato

Larry

Little Lambs (Corderos)

Nosotras, que nos amamos tanto

El arte de la entrevista

La parada de los mendicantes

G.S.

Intimidad

Constelazión

Pinocho

Mis dedos cuentan los días que pasan

Sangre carbón

Nudus

Manolo

Spoonface

Le toit découpé

Atlas

M.U.R.S.

Vells Temps

Sun

Tauberbach

Petit Pierre

Con la claridad aumenta el frío

Carne viva

Pinocho

El principio de Arquímedes

Lunes abierto

Maruja enamorada

Una parte de este mundo

El zoo de cristal

Retahíla

La casa de Bernarda Alba

Una merienda de locos

Fisuras


Mi top6: Malas palabras, Una niña, Spoonface, Vells Temps, Tauberbach y Maruja enamorada... Gijón, Madrid, Barcelona, Buenos Aires. 
Un buen año.

sábado, 3 de enero de 2015

viernes, 2 de enero de 2015

Cómo empecé a usar seda dental




-¿Usas seda dental? -Me preguntó mi dentista.

Era el 28 de diciembre de 2012. Y no, yo no usaba seda dental.
Por aquel entonces atravesaba la ciudad una media de cuatro ó seis veces por semana, la mayoría de ellas casi de madrugada. Me dejaba envenenar con café. Adelgazaba. Me hormigueaban las manos y me sentía enferma. Descubrí las sopas chinas, por entonces. Y dejé de vivir en casa. Guardaba flores de plástico en botes de lápices. Escribía a mano, escritura-vómito, pero renunciaba a construir un personaje: todo me salía de dentro.
Mi dentista tiene barba y asintió, comprensivo.

-Qué pena... La seda es muy buena.

Le dije que me daba cosa. Grima. Dentera. Que nunca me había introducido nada entre los dientes.
Que tenía frío y sentía un pájaro azul atravesado en mi garganta. Me fumaba un cigarrillo y me mareaba. Me dejaba caer aunque sabía que lo que en realidad quería era tocar.
Estaba aprendiendo a preparar sopas de sobre para la fiebre y la tos, pero todavía me salían muy sosas.
Estaba escribiendo una tragedia; y pensaba que formaría parte de una Trilogía del Dolor.
Era Navidad y fregaba el suelo con amoníaco aunque no había ventanas.

-La seda es un seguro de vida. -Dijo mi dentista, suave y calmado como (imagino) hablan todos los dentistas-. Un seguro de vida para los dientes.

A menudo sentía una fuerza descomunal. Tiraba de mí hacia abajo, hacia un lugar en el que yo no había estado nunca. Un lugar un poco terrible, pero necesario al mismo tiempo.
Escribía y todo lo que escribía eran como arañazos contra las paredes.

-Sobre todo con unos dientes como los tuyos. Tan juntos, tan bien colocados.

Tenía resaca, aquel 28 de diciembre. Me cepillé y me enjuagué bien antes de ir a la consulta, después de comer. La noche anterior había bebido mucho patxarán. Y me había dejado cortar el pelo por una amiga que había bebido mucho whisky.
Después me fui a París. De algún modo sustituí las sopas chinas por las sopas de cebolla. De algún modo terminé la tragedia. También robé una taza de té de una crepería. Vi cómo un galgo asustado recorría las vías del metro. Leí tres veces seguidas Las criadas y asistí a un preestreno de El malentendido de Camus. Me fui a la montaña y volví. Fotografié los quesos y las aves de la Rue de Montorgueil. Fui hispter por unos meses. Empecé Leonor y me reencontré en Montparnasse. Recordé París, todos los miércoles puntualmente, mientras viajaba en metro para ir a clase. Viajé al Norte y escribí un cuento. Empecé a escribir una lavandería. Hice tatin de manzana. Viajé a Lisboa, y a Nueva York, y a Berlín. Perdí a una maestra. Publiqué dos obras de teatro y escribí otra más. Y otra. Me aficioné a las nanas. Alargué la mano y me encontré en Bilbao. Tuve mucho miedo. Pero seguí alargando la mano. Indagué en lo terrible. Conocí a la niña. Hice arqueología, mucha. Y también mi primer caldo. Después conocí a los vencejos y fui a escribir a Barcelona. Fui tía. Me picó una medusa, leí a Natalie Goldberg. Me comprometí. Conocí Buenos Aires. En noviembre viajamos a Gredos y compramos roscón de Reyes. Empecé a usar seda dental todas las noches.
Y no he dejado de hacerlo, desde entonces.

-Sigue así. -Me dijo el martes mi dentista-. Sigue así...



(Imagen de Taschen)

viernes, 26 de diciembre de 2014

San Esteban


"Se hizo muy tarde y entonces nos sentamos a cenar alrededor de la mesa plegable de la cocina. Había velas en la mesa y muchísima comida, pero yo casi no comí más que jamón. Y luego también pastel de Navidad, claro, eso siempre, por si resultaba que me tocaba a mí la almendra. Pero no me tocó. En la Casa del Medio tenemos un criado que se llama Óscar, que quiere mucho a Agda, que es nuestra criada. El que le toca la almendra se casa seguro el año siguiente. Y fíjense qué cosa, pues nada, que la almendra se había partido en dos y les tocó a Agda y a Óscar, la mitad a cada uno. ¡Huy, lo que nos reímos Lasse, Bosse y yo! Agda se enfadó mucho y dijo que todo aquello no eran más que tonterías de niños. Pero la verdad es que no fue culpa nuestra que la almendra se partiera en dos".



(Astrid Lindgren, Los niños de Bullerbyn (1947-52). Ilustr. de Ilon Wikland)

lunes, 22 de diciembre de 2014

Solsticio de invierno






Y no estoy asustada...¡¡¡:o!!!

jueves, 18 de diciembre de 2014

ME GUSTA volver







Me gustan las pasas.
Me gustan los mercados de belenes.
No me gusta que me digan cómo debo vivir, ni lo que funcionará o dejará de funcionar en mi vida.
Me gusta el colorete.
Me gusta Jeda&Juper.
Me gusta escuchar el disco navideño de Joan Baez en el spotify, y que poca gente lo haya hecho.
No sé si me gusta no querer tener hijos.
Me gusta hacer arqueología sobre mi vida.
Me gusta volver (como El Almendro)
...

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